Aunque Michael Bloomberg insiste en que su campaña es puramente filantrópica, hay motivos para sospechar de posibles conflictos de intereses. Bloomberg L.P. -la empresa que fundó y de la que sigue siendo accionista mayoritario- es uno de los actores más influyentes de las finanzas mundiales. Sus terminales y servicios son utilizados por fondos de inversión con importantes participaciones tanto en el sector farmacéutico como en la tradicional industria del tabaco.
Un legado de salud… y de poder
Desde su época de alcalde de Nueva York, Bloomberg ha hecho de la salud pública un pilar de su actividad filantrópica. A través de Bloomberg Philanthropies ha financiado iniciativas para reducir el tabaquismo, aumentar los impuestos sobre los cigarrillos y prohibir fumar en espacios públicos, una cruzada razonable hasta el momento.
En los últimos años, sin embargo, su atención se ha desplazado bruscamente hacia los cigarrillos electrónicos y los dispositivos de vapeo. Su fundación ha destinado millones de dólares a organizaciones que presionan para que se prohíba totalmente el vapeo en países de ingresos bajos y medios.
Grupos como The Union, Vital Strategies y Campaign for Tobacco-Free Kids han influido directamente en la legislación de países como India, Filipinas y México.
¿Proteger a los jóvenes o bloquear la reducción de daños?
El argumento central de estas campañas es la protección de los jóvenes: sus partidarios afirman que el vapeo es una puerta de entrada al tabaquismo. Sin embargo, las pruebas científicas apuntan cada vez más en sentido contrario.
Estudios realizados por organismos como Public Health England y la Cochrane Review concluyen que vapear es al menos un 95% menos perjudicial que fumar y puede ser una herramienta eficaz para dejar los cigarrillos de combustible.
Prohibir el vapeo dejando los cigarrillos a la venta legalmente produce un resultado contradictorio: perpetúa el tabaquismo y niega a los fumadores el acceso a una alternativa notablemente más segura.
Intereses económicos en la sombra
A pesar de la narrativa filantrópica de Bloomberg, persisten posibles conflictos de intereses. Las terminales de datos de Bloomberg L.P. sustentan muchos fondos de inversión que tienen grandes participaciones tanto en la Gran Farma como en el tabaco convencional.
Ambas industrias se benefician si desaparece el mercado independiente del vapeo: las empresas farmacéuticas tienen menos competencia para sus productos para dejar de fumar, mientras que las tabacaleras conservan el dominio en los mercados donde el vapeo es ilegal o inaccesible.
¿Filantropía o arquitectura del poder?
Bloomberg no necesita poseer acciones directas en estas industrias para beneficiarse. Basta con que las políticas que promueve se alineen con los intereses de los sectores a los que él, su empresa o sus clientes están económicamente vinculados. Su papel como “embajador mundial” de la Organización Mundial de la Salud para las enfermedades no transmisibles también le proporciona una plataforma de la que pocos particulares disfrutan.
Conclusión
La campaña anti-vapeo de Bloomberg plantea una pregunta incómoda: ¿cuándo una cruzada por la salud pública deja de ser filantropía para convertirse en una estrategia de poder? Hasta la fecha, la ciencia no respalda muchas de las restricciones que defiende su red. La consecuencia en el mundo real -millones de fumadores que se quedan sin una opción menos perjudicial- merece un debate más amplio y honesto, libre de los efectos distorsionadores del dinero y la ideología.
